¿Por qué nos cae bien el malo de la película?

 En ocasiones, una situación planteada en la literatura o el cine provoca una respuesta emocional contraria a la que se esperaría en la vida real. O, dicho de otra manera, si nos topáramos con Tony Soprano no nos haría tanta gracia como en la pantalla.

 

Las manifestaciones artísticas pueden poner en funcionamiento las creencias o dinamizar la respuesta moral que tenemos ante situaciones complejas. Interesada en la respuesta emocional ante la obra narrativa, Mª José Alcaraz, profesora del departamento de Filosofía de la Universidad de Murcia, se pregunta en sus trabajos por la relación entre la apreciación de las obras de arte y el desarrollo moral.  “Ante una obra de arte ejercitamos habilidades morales constantemente, más incluso que en la vida real”, afirma Alcaraz. “Aparte de apreciar la belleza de la obra, emitimos juicios sobre los personajes: si son egoístas o generosos, si merecen o no nuestra simpatía, si son justos o no, etc.”

 

En su opinión, lo curioso es que, en ocasiones, el arte provoca respuestas emocionales y morales contrarias a las que tendríamos en la vida real ante los mismos hechos. Aunque normalmente un personaje que sería despreciable en la vida real suele parecerlo también en la ficción, en ocasiones, su comportamiento nos parece atractivo o simpático. Y aquí surge el problema de las emociones contrarias o discontinuas. 

 

Un ejemplo es Lolita, la obra de Vladimir Nabokov, llevada al cine por Stanley Kubrick. El protagonista, Humbert Humbert, consigue que el rechazo moral que conlleva el abuso sexual a Lolita, una niña de doce años, quede en un segundo plano.  La hipótesis de la autora para justificar las emociones discontinuas es que las reacciones ante una obra de arte no solo están causadas por el contenido que representa, sino por los aspectos formales. Un ritmo narrativo, el uso de un plano corto o una música pueden causar emociones relacionadas con el contenido que percibe el espectador. Cuando los rasgos formales de la obra están íntimamente ligados al contenido, de manera que permiten revelar aspectos interesantes de dicho contenido, juegan un papel justificativo y no meramente causal.

 

Para ella, el hecho de que podamos sentirnos cerca de Humbert Humbert "no es algo descabellado a no ser que se tenga una visión fuertemente posicionada sobre el asunto, en cuyo caso nuestras creencias morales no nos permitirían entrar en el mundo que se nos está planteando." Supuestamente, la obra provocaría reacciones peligrosas en el lector. Pero Alcaraz argumenta a favor del valor cognitivo de esas experiencias pese a su carácter contrario y opina que la literatura puede ser interesante como herramienta de formación emocional. Si una obra produce una emoción contraria pero justificada, entonces, según la investigadora, hay razones para dotar de validez a la respuesta y considerarla al mismo nivel que a las respuestas emocionales reales.

 

Fuente: Sinc